—No sé qué te pasó cuando contuviste su magia, pero la Fisura me obligó a elegir.Le sujeté la cara y busqué en sus facciones algún rastro de dolor o de magia.—¿Qué quieres decir con “elegir”? —pregunté despacio mientras me ponía de pie y tiraba de él para que se levantara conmigo. Quería examinarlo bien en busca de cualquier señal de que estuviera herido.—Ya no puedo ver la Fisura. Supongo que la enorme grieta llena de piedras mágicas y demás sigue allí, pero yo solo veo un claro abierto y sin vida.—¡¿Qué?! —Miré detrás de mí, hacia la hermosa fisura, repleta de piedras de una transparencia antinatural que centelleaban bajo la luz del sol. La estructura en forma de estrella del centro seguía intacta, y la paz que irradiaba me envolvió como una brisa fresca del océano. Toda la magia seguía allí, intacta. Eliza no había obtenido nada—. ¿Por qué tuviste que elegir?—Yo no estoy destinado a tener magia; tú sí. Para ayudarte a equilibrar lo que Eliza alteró, tuve que comprenderla, pero
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