Jax salió de la habitación del hospital sin decir una sola palabra.No hubo insultos.No hubo amenazas.Ni siquiera una mirada atrás.Caminó como un animal herido, rígido, con los puños cerrados y la mandíbula apretada, como si el aire le quemara los pulmones. El portazo resonó en el pasillo y quedó un silencio incómodo, espeso.Aitana lo observó alejarse sin moverse de la cama.No se sorprendió.Era Jax O’Brien. Su reacción no podía ser otra.—Aitana… ¿no irás a ver qué le pasa? —preguntó Marisa, intrigada, asomándose hacia la puerta.Aitana se encogió de hombros, fingiendo una calma que no sentía.—No es necesario —respondió con desdén—. Acaba de chocar con la realidad. Ese hombre es tan desagradable que incluso sería capaz de ignorar a Anny… y si lo hace, mejor para mí.Lo dijo sin emoción, pero apenas terminó la frase, la puerta se abrió de golpe.Jax regresó.Irracional. Descompuesto, con los ojos oscuros, encendidos por una furia que no encontraba salida.Antes de que Aitana pud
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