Nikolai se sentó en la cama entre gruñidos, estaba desorientado y un poco asustado, los disparos todavía resuenan en sus oídos. —Deberías acostarte —Lía entró a la habitación—, Nikolai, estás herido, vuelve a la cama —Él, poco caso le hizo.—¿Dónde está mi mujer? —Miró a su alrededor justo cuando Adrik y Vladimir entraron.—Nosotros nos estamos haciendo cargo, tú deberías descansar —Vladimir intentó acostarlo, pero Nikolai se negó.—¿Cuántos días llevo aquí? —Preguntó quitándose la intravenosa—, ¡¿Cuántos días?! —Gritó furioso.—Dos —Respondió Adrik—, pero estamos haciendo lo posible para encontrarla y…—Dame algo para el dolor, voy por mi mujer —Nikolai bajó de la cama—, no me hagas repetir, Lía —Ella, sabiendo que su amigo no se quedaría quieto, fue por dos pastillas de las más fuertes. —Tómate dos cada ocho horas y el dolor no será un problema —Lo miró a los ojos—, pero no lo olvides, eso no significa que las heridas no van a lastimarse.—Ya tendrás tiempo de ayudarme a sanar —Se
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