Punto de vista de LuisMe detuve detrás de Pedro, observando su cuerpo atado. Sonreí, pero no fue una sonrisa de amabilidad. Fue la sonrisa de alguien que ya había cruzado la línea, alguien que ya no sentía la necesidad de fingir. Los otros, Gonzalo y Rubén, seguían luchando contra sus propias ataduras. Sabían lo que estaba pasando, pero no podían detenerlo. Observaban a su amigo, a su camarada, temblar ante mí, sabiendo que ellos eran los siguientes.—Ya no eres especial —le susurré al oído a Pedro, presionando la hoja contra su garganta lo suficiente como para extraer una gota de sangre—. Eras un depredador. Pero ahora... ahora eres la presa.Y entonces, hundí la hoja en su garganta, una y otra vez, y otra, y otra. Cortando, rebanando la carne mientras él sufría arcadas, mientras la sangre salpicaba hacia fuera como agua en un tanque con fugas. No me detuve ahí; lo dejé apenas con vida, dándole a su lobo una mínima fuerza para intentar sanar y mantenerlo respirando mientras tall
Leer más