Punto de vista de Luis
Me puse de pie, todavía inestable, y caminé hacia el espejo colgado torcidamente sobre la polvorienta cómoda. Mi reflejo me devolvió la mirada. Pálido, empapado de sudor, con la mandíbula apretada por la irritación.
Dejé que mis ojos se pusieran en blanco, que mi carne se retorciera y mis huesos crujieran. El espejo pareció borbotear. Siseé entre dientes mientras mis músculos se tensaban y mi piel se desplazaba como si la estuvieran pelando y volviendo a coser desde el