«Señora…», Peni la detuvo con suavidad. Sus pasos se frenaron de repente en cuanto sus ojos captaron aquellas figuras que conocía demasiado bien. Algo se tensó en su pecho al instante, una sensación de rechazo imposible de ocultar. Y eso que, mientras caminaba detrás de Valentina, había albergado la esperanza de que aquella noche trajera un cambio, de que quizá Dios estuviera siendo misericordioso y volviera a unir a sus señores sin la sombra de otra mujer entre ellos.Pero esa esperanza se desmoronó en un instante.Aquella mujer ya estaba allí, de pie, con una sonrisa que a Peni le resultaba demasiado perfecta, demasiado dulce, como si ocultara algo detrás. Una sonrisa que le hizo querer darse la vuelta y marcharse.«Mejor luego, señora», dijo Peni con rapidez, casi por instinto, mientras su mano se movía con suavidad para frenar a Valentina
Leer más