El sol de la mañana se filtraba con una timidez dorada a través de los visillos de lino, dibujando patrones de luz sobre la alfombra nueva. En el interior de la habitación, el aire era fresco y silencioso, una burbuja de serenidad que contrastaba violentamente con el ruido mediático que, seguramente, ya estaba estallando más allá de esas paredes. Valeria fue la primera en despertar. Se quedó inmóvil, disfrutando del peso reconfortante del brazo de Adrián rodeando su cintura. Giró la cabeza apenas unos milímetros para observarlo. Dormido, Adrián no era el CEO implacable que hacía temblar a la Junta de Accionistas; sin su "máscara" de poder, sus facciones se veían suavizadas, casi juveniles. Había una paz en su rostro que solo aparecía cuando estaba con ella, una vulnerabilidad que él guardaba bajo llave ante el resto del mundo. Se sentía protegida, envuelta en ese aroma a sándalo y jabón que ahora asociaba con su hogar. Sin embargo, al desviar la mirada hacia el rincón de la habita
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