- ¡¿Te volviste loca Chantal?!.- El grito enloquecido de Albert reverberó por toda la mansión, haciendo eco entre las paredes del lugar.La rubia que se encontraba tranquilamente sentada en el sofá con las piernas cruzadas elegantemente, ni siquiera alzó el rostro, antes de suspirar hastiada y cerrar de golpe la revista que tenía en sus manos.Sabía perfectamente a que se debía aquel arrebato, pero poco le importaba. Estaba harta de todo aquello.Siempre había soñado con una vida de lujos, sin preocuparse por tener un plato de comida en la mesa o tener que hacer ciertos... "favores", con tal de sobrevivir.Si tan solo su corazón no hubiese sido tan ciego y no se hubiese enamorado de Albert... Pero ella era el más claro ejemplo de que en el corazón no se manda y este siempre hace alarde de su estupidez.- Te estoy hablando, ¿Acaso estás sorda?.- El hombre la tomó del brazo alzandola con fuerza, iracundo, como si estuviera a punto de perder la cordura.- ¡¿Qué demonios te pasa Albert?!.
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