SebastiánEra el hermano de Esen y Kelebek, otro de los buenos. Cargué el cuerpo, lo llevé hasta el plafón de la camioneta. Nadie me dijo nada, pero Dante debió comprender cuáles eran mis intenciones. Este hombre no tendrá un entierro como NN. Sus hermanas lo sepultarán y, por lo que vimos en el informe que pasó Roland, tenía familia en Medellín.—Papá, consigan los permisos para sacar un cuerpo de este país.Cuando iba a bajarme del plafón del auto para ir al lugar de piloto, unas ráfagas de tiros nos hicieron agacharnos.—¿De dónde nos disparan? —pregunté.—Es un francotirador. —habló Dante—. Sebastián, en el morral hay armas de francotiradores. Zombi, una vez tengas el arma, regresa al interior de la casa. Busca una ubicación.—Sí, señor.—¡Sebastián!—Un momento.—Haku, que tu hermano permanezca detrás de los muros del antejardín. Cuídalo.Crucé la mirada con Dante. Apenas me mueva de este lugar, seré un blanco y son balas que el traje resiste; sin embargo, si me apuntan a mi cabe
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