EzequielNos despedíamos de la familia antes de que sirvieran la cena; Dante me miró y le mostré que por debajo de la camisa tenía el traje puesto. Además, sin que nos lo dijeran, todos lo teníamos junto con un arma en la pretina. Íbamos a ir a Blanco para cenar. Sun-Hee seguía sonrojada ante la evidente salida nuestra, que no era para otra cosa, que para mirar qué pasaba entre los dos.Andrea fue la única que se mostró enojada, pero no miró a la coreana. Mientras ella se despedía de unos, yo lo hacía con otros. Al llegar donde Sebastián, cargué a Kumari. Le di un beso en la mejilla, mi primera ahijada. Mi madre, al verme cerca de la niña, le dijo algo a mi padre y este, al mirarme, comprendió.—¡No, señora!, aleja esos pensamientos.—No he dicho nada, hijo.—Te conozco. —Le entregué la bebé a su madre, quien estaba algo seria—. ¿Todo bien?—Sí. ¿Ya tienes hambre, mi amor? —Se levantó y se fue con mi ahijada.—¿Pasa algo, Sebastián?—Tienes que irte.Estábamos retomando la confianza d
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