Por Connor HendersonEra extraño ver a mis dos hermanos a mi lado sin siquiera despegarse un centímetro de mí y eso se debe a que jamás pensé que esto se pudiera producir. Yo era el desecho humano de la familia, al que mis padres habían aislado, el que no tenía nombre, incluso tampoco una tumba, porque lo que había en el mausoleo familiar era una ánfora que decía NN Henderson en nombre de ese bebé que murió, pero que estaba frente a esos dos que no cabían de la felicidad, al igual que yo.¡Ellos sabían de mí!Eso fue lo que sentí, cuando Daniel se arrodilló frente a mí en ese asilo y lloró. Era él, lo sentí como si fuera parte de mi, lo que creo que puede ser al ambos ser mellizos, pero es que fue tan extraño lo que sentí, fue como si jamás nos hubieramos separado a nacer y, de cierta forma, era la consecusión de muchos sueños que tuve desde niño. Díganme loco, pero creo que nuestra conexión era mayor porque desde que asumí su lugar nunca sentí que él estuviera muerto.Y mi pequeño Be
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