La mañana entró por la ventana del apartamento con una luz difusa que apenas lograba atravesar las cortinas de lino. Danna despertó con la sensación de haber dormido poco y mal, como si su cuerpo hubiera estado en tensión durante toda la noche. Se quedó unos minutos mirando el techo, dejando que sus pensamientos se ordenaran lentamente antes de enfrentar el día.Había pasado casi una semana desde que Liam partió hacia Buenos Aires. Una semana en la que ella había intentado mantener su rutina, sumergirse en el trabajo, responder mensajes con normalidad. Pero por debajo de esa fachada funcional, algo se agitaba con una intensidad que ya no podía ignorar.Se levantó, preparó café y se sentó junto a la ventana con la taza entre las manos. Afuera, la ciudad comenzaba su ritual matutino: el tráfico aumentaba gradualmente, las personas caminaban hacia sus trabajos,
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