Han pasado dos días desde el incidente.Por recomendación médica, Salvador y Cristina regresaron a las instalaciones de la oficina. No porque Salvador se sintiera mal físicamente, de hecho, se encontraba estable, sino porque el doctor había insistido en que retomar la rutina de forma progresiva sería beneficioso para él, siempre y cuando evitara sobresaltos.Y esos dos días, lejos de haber sido tensos, habían resultado inesperadamente buenos.En casa, el tiempo parecía haberse detenido para ellos tres. Salvador, Cristina y la pequeña Valentina compartieron desayunos largos, tardes tranquilas y noches en las que el silencio no era incómodo, sino reconfortante. Valentina dormía entre ambos algunas veces, y otras se quedaba profundamente dormida en el sofá mientras ellos la observaban sin decir palabra.Cristina, más de una vez, llevó la mano a su vientre todavía plano. El bebé que crecía dentro de ella era aún muy pequeño, casi imperceptible, pero y
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