—En el pasillo.Renato finalmente se volvió para mirar a su asistente, su rostro completamente inexpresivo.El asistente, con una expresión de absoluta inocencia, explicó: —Esta mañana, cuando fui a llamar el ascensor para usted, escuché a otros huéspedes pasar y alabarlos, diciendo que eran excelentes, que valían mucho la pena.Él lo había creído, así que fue a la agencia de actores que mencionaron y contrató a unos cuantos figurantes.Un poco más lejos.Mónica parecía a punto de perder el equilibrio, como si apenas pudiera sostenerse en pie.La Señora Castro, como persona mayor, quería decir algo para calmarla, pero de repente se dio cuenta de que no sabía qué decir.Mónica ni siquiera la miró. Solo clavó la vista en los drones sobre su cabeza.—Señora, lamento haber arruinado su buen ánimo, de verdad lo siento. Quizás debería regresar a descansar. La acompañaré otro día, si tiene tiempo.La Señora Castro había querido irse desde hacía rato, así que no lo rechazó.Una vez que su aut
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