Un aullido se extendió como eco, largo y profundo, capaz de erizar hasta el último rincón de mi piel.Otro aullido se sumó a ese. De repente, un coro de voces lobunas llenaba cada espacio del extraño bosque erigido ante mí.Allí todo brillaba con un aura propia. Los árboles se mecían despacio, y de algún modo sentía su follaje como una caricia en mi piel. Respiraban. Las nubes se movían lentas, cargadas de un resplandor interior. Incluso la bruma parecía estar viva, ondulando alrededor de criaturas gigantescas.Tenían forma de lobos erguidos, mitad bestias, mitad hombres, envueltos por energías que los distinguían unos de otros: llamas anaranjadas danzaban alrededor de algunos, otros se rodeaban de ráfagas blancas y grises como ciclones, otros más cargaban aguas azul profundo que se desbordaban como ríos vivos, mientras que un grupo irradiaba raíces y hojas verdes que parecían brotar de sus cuerpos.Definitivamente, yo no pertenecía a ese sitio, aunque tampoco podía escapar. No entend
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