—Pues estoy aquí porque soy su relacionista pública y necesito ayudarlo a limpiar la imagen de su empresa. Para eso me contrató, ¿o se le olvidó?. Niega con la cabeza, parece avergonzado porque sabe que tengo razón. —Necesitamos tener una reunión, dialogar, organizarnos. Necesito contarle el plan que elaboré y las cosas que debe hacer de ahora en adelante para poder superar esta crisis... Necesita ser fuerte, tiene que levantarse de esa cama y dar la cara. Ya es hora, ha pasado bastante desde que la polémica explotó. —Sí, sí, sí, sí, tienes razón. —Asiente innumerables veces comprendiendo mi punto. Se levanta de la cama, camina hacia mí, me quita la ropa que tengo en la mano y luego me pasa de largo. Cierra la puerta y puedo ver todos los tatuajes que hay en su espalda desde esa posición. Está repleto, no distingo ninguno en específico porque no estoy lo suficientemente cerca. Luego vuelve a pasarme por el lado hasta llegar a la cama, deja la camiseta y la chaqueta que recogí
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