La luz del consultorio médico se había vuelto demasiado brillante, casi ofensiva en su claridad implacable. Valeria parpadeó repetidamente, tratando de enfocar la pantalla del ecógrafo donde dos pequeñas formas se movían con una sincronía que parecía coreografiada. La doctora Sánchez había detenido el transductor sobre su vientre, presionando ligeramente mientras ajustaba los controles con la otra mano.—Gemelos —repitió la doctora, su voz atravesando la neblina de shock que había envuelto a Valeria—. Dos bebés.El silencio que siguió fue tan denso que parecía solidificarse en el aire de la pequeña habitación. Valeria sintió la mano de Isabella apretando la suya con más fuerza, sus dedos entrelazándose hasta que los nudillos se volvieron blancos. A su izquierda, Sebastián se había quedado completamen
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