Sutil, ligero, así llegó tu voz a mi vida.FreyaEl eco de los aplausos y la música de la recepción todavía vibran en mis oídos, pero el silencio que nos rodea ahora es absoluto. Estamos a diez mil metros de altura, cruzando el cielo nocturno en el avión privado de Sebastián. Es un gesto que, hace meses, habría rechazado por orgullo, pero hoy lo acepto como lo que es: una tregua definitiva. El lujo del jet, con sus acabados en madera oscura y asientos de cuero crema, es la burbuja perfecta que nos protege del resto del mundo.Miro a mi lado. Gabriel se ha quitado el saco y tiene la camisa ligeramente desabrochada. Se ve relajado, pero sus ojos no dejan de buscar los míos cada pocos segundos, como si todavía estuviera asegurándose de que esto no es un espejismo.—¿En qué piensas? —me susurra, entrelazando sus dedos con los míos.—En que, por primera vez, no tengo miedo de aterrizar —respondo, y es la verdad más pura que he pronunciado jamás—. Siento que, esté donde esté, ya llegué a ca
Leer más