Gio cerró los ojos por reflejo cuando el agua le cayó en la cara. Tosió por el peso que se le vino encima. Para colmo, la cabeza se la golpeó con un cubo de madera y, lo peor, no pudo salvar el teléfono que tenía en la mano.El agua lo había dejado completamente inservible."Dios mío, lo siento, fue sin querer", dijo Diego, levantándose de encima de Gio."¡Aish!" Gio se limpió la cara mojada. "¿Qué haces?", protestó."Ya te dije que fue sin querer", se defendió Diego."¿No ves que hay gente aquí?", Gio se levantó rápido. Primero se fijó en su ropa, empapada, y luego en su teléfono, que ya no se encendía. Lo golpeó varias veces, pero seguía igual. Mientras, Diego apenas podía contener la risa. "Por tu culpa, mi teléfono se ha roto"."Ya te he dicho que fue sin querer. Además, esta es una zona de trabajo, no deberías estar aquí", dijo Diego."Oye, amigo, ¿cómo voy a tener la culpa yo?", Gio no lo aceptaba."No te echo la culpa", respondió Diego con educación."Claramente me estás echand
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