Gio cerró los ojos por reflejo cuando el agua le cayó en la cara. Tosió por el peso que se le vino encima. Para colmo, la cabeza se la golpeó con un cubo de madera y, lo peor, no pudo salvar el teléfono que tenía en la mano.
El agua lo había dejado completamente inservible.
"Dios mío, lo siento, fue sin querer", dijo Diego, levantándose de encima de Gio.
"¡Aish!" Gio se limpió la cara mojada. "¿Qué haces?", protestó.
"Ya te dije que fue sin querer", se defendió Diego.
"¿No ves que hay gente aqu