POV DE ISABELA El sol de las Antillas no tenía la arrogancia del acero de la ciudad; era una caricia de oro viejo que se filtraba por las persianas de madera de la villa, dibujando líneas de luz sobre la colcha de lino. Me quedé inmóvil, escuchando el ritmo de mi propia respiración. Durante semanas, cada aliento había sido una batalla, una sospecha de que el aire mismo estaba conspirando contra mis pulmones. Pero hoy, el aire sabía a sal, a hibiscos y a esa pureza que solo llega después de que un incendio lo ha consumido todo.Ethan dormía a mi lado, con un brazo rodeando mi cintura de forma posesiva, incluso en la inconsciencia del sueño. Su rostro, despojado de la máscara de frialdad quirúrgica que solía llevar como una armadura, se veía extrañamente joven bajo la luz de la mañana. La cicatriz de su pómulo estaba cicatrizando bien, una marca de guerra que ahora formaba parte de nuestra geografía personal. Me giré lentamente para no despertarlo, observando la fuerza de sus hombros y
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