—Estás mejorando en esto —comentó ella, divertida—. Vamos, vámonos.A pesar de sus palabras, Rubí sostuvo la rosa con delicadeza, casi con cariño. Apenas había dado un paso cuando algo pequeño cayó de entre los pétalos. La alfombra era mullida y apenas hizo ruido, pero Rubí alcanzó a notarlo. Soltó suavemente la mano de Marcus, se inclinó y recogió lo que parecía una cuenta brillante.—¿Esto es... una perla? —preguntó, riendo con sorpresa.—¿Te gusta? —respondió él.Era una perla dorada, iridiscente y deslumbrante. Rubí se quedó contemplándola, asombrada. ¿Marcus la había escondido entre los pétalos para sorprenderla?—Es preciosa. ¿De dónde la sacaste? —preguntó, intrigada. La perla, sola, parecía casi mística.Marcus rió antes de responder con tono más serio:—Recibimos un lote de conchas y perlas del proveedor. Me dijeron que esta es muy rara, la primera que recolectaron. Si aparecen más, te daré otras.—Es un artículo muy valioso —respondió ella—. Tal vez no sea correcto que te la
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