—Estás mejorando en esto —comentó ella, divertida—. Vamos, vámonos.
A pesar de sus palabras, Rubí sostuvo la rosa con delicadeza, casi con cariño. Apenas había dado un paso cuando algo pequeño cayó de entre los pétalos. La alfombra era mullida y apenas hizo ruido, pero Rubí alcanzó a notarlo. Soltó suavemente la mano de Marcus, se inclinó y recogió lo que parecía una cuenta brillante.
—¿Esto es... una perla? —preguntó, riendo con sorpresa.
—¿Te gusta? —respondió él.
Era una perla dorada, iridis