El lugar era amplio y estaba bien organizado. En una esquina, Zoey estaba atada a una silla, aunque no con demasiada fuerza, y el ambiente no tenía olores desagradables. Todo indicaba que, pese a su situación, aún desconfiaban de Tobias. Él la había criado como a su propia hija, y aunque Zoey había cometido muchos errores, Rubí había dado órdenes estrictas de no maltratarla.Al verla, Calissa dijo con calma:—Gavin, espera afuera con Stephen. Quiero hablar con ella a solas.Gavin dudó, pero Stephen permaneció en silencio.—No te preocupes. Está atada. No podrá hacerme daño —aseguró Calissa.—Pero Rubí dijo...—¿Acaso no estoy calificada para darte órdenes ahora, Gavin? —El rostro de Calissa se endureció. Al ver lo seria que estaba, Gavin no se atrevió a contradecirla. Miró a Zoey, aún atada, y pensó que no representaba un peligro. Al haber crecido entre lujos, no tenía demasiada fuerza física. Finalmente, aceptó.Una vez que Gavin y Stephen se retiraron hasta la entrada del sótano, Ca
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