"Héctor"Samantha y yo estábamos tumbados uno frente al otro, simplemente mirándonos y sonriendo. No necesitaba nada más en la vida; simplemente estar con ella me bastaba. Tras una tarde y una noche caóticas, resolvimos nuestros problemas, reconectamos, hicimos el amor lenta y apasionadamente, y nos declaramos el uno al otro, sin dejar lugar a la incertidumbre."Por mucho que no quiera, tenemos que levantarnos de la cama, tenemos que prepararnos para la boda", dije, recordando que ella necesitaría tiempo para el maquillaje, el peinado y todas esas cosas que hacen que las mujeres tarden una eternidad en prepararse, siempre tarde."No", dijo con calma y serenidad. Mi corazón se aceleró."No, no, no, Samantha. Tú no cancelaste esta boda". Me tapé la cara con las manos, frustrado. "Soy capaz de arrastrarte ante un cura, a la primera iglesia que encuentre, y convertirte en mi esposa". Me senté en la cama, preparándome para una batalla que no iba a perder, pero ella se reía."Cariño, no lo
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