El domingo era el único día que podía regresar a casa, pues estudiaba en una universidad local.Javier provenía de una familia pobre. Sus padres, debido al excesivo trabajo durante años, habían desarrollado diversas enfermedades que les impidieron seguir trabajando cuando él aún estaba en la secundaria.La familia no tenía ahorros, pero gracias a su esfuerzo, él había conseguido becas y subsidios que le permitieron continuar estudiando. Precisamente por la situación de sus padres, al solicitar ingreso a la universidad, eligió la mejor de la ciudad, sin alejarse demasiado, para poder visitarlos cada semana.Miró la hora: eran las cuatro de la tarde. Cuando bajó del ático, sus padres estaban intentando devolver a su mochila las frutas que les había traído. Al escucharlo bajar, aceleraron sus movimientos.Al verlos, Javier se apresuró a detenerlos y sacó nuevamente las frutas:—Papá, mamá, estas frutas las traje especialmente para ustedes. En la universidad tengo subsidio para comida. Uste
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