—¡Dim, ayúdala!Dimitry reaccionó con rapidez tomándola en brazos.Ese mismo hombre que años atrás había rechazado todas sus seducciones, el único que no había caído a sus pies, el que había elegido a Satarah, demostrando que ella, a pesar de tener todas las cualidades de una princesa mafiosa, no era suficiente, la sostuvo solo porque su esposa se lo había pedido.—¿A dónde me llevas? —protestó débilmente, intentando sonar amenazante.—A la clínica, por supuesto. Valerik estará preocupado."Claro. Valerik. Él no se preocupa por mí ni siquiera como socia... Nadie se preocupa por mí salvo mi hermano."Ese pensamiento le dolió casi tanto como el calambre que atravesó su vientre. Sus padres la habían criado para ser la mejor en todo, para conquistar el mundo, para no necesitar a nadie. Y ahora pagaba el precio de esa educación cruel con una soledad que la carcomía por dentro, sin embargo, eso nunca saldría de su boca.—No seas ridículo, Dimitry. No soy una florecita débil como tu mujer, dé
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