Ese hombre se dejó caer en el sofá individual de enfrente como si estuviera en su propia casa. Estiró las piernas y apoyó la punta del zapato en el borde de la mesa, rozando la superficie con un sonido suave. Su actitud despreocupada rozaba lo descarado.Al verlo así, tan relajado y arrogante, sentí una mezcla de rabia y risa.Mateo y yo habíamos estado antes tensos al extremo, caminando con cautela, temiendo perder la vida con un solo paso en falso.Y él… aparecía como si fuera a una feria, entrando y saliendo a su antojo.Esa despreocupación insolente daba ganas de golpearle esa cara tan provocadora.Parecía no temer a nada, como si nada en este mundo pudiera hacerlo dudar.Allí estaba, recostado en el sofá, con las piernas cruzadas, los brazos apoyados en los reposabrazos, completamente relajado, como si la tensión en el ambiente no existiera.—¿Y qué si me ven?Se frotó los dedos con indiferencia, con un tono ligero, dijo:—Tengo negocios con Aurora en la tienda de lujo. Vine a rev
Ler mais