DEMIAN Mira esta pequeña cosita, tan ingenua como hermosa, casi me da lástima el que tenga que caer en mi manos. Casi. Porque por más indefensa que se vea sigue siendo la mayor amenaza para mi posición. Jamás he mostrado piedad y no empezaré con ella. — Si, si te comprometes a protegernos, cumpliré lo que me pidas. — cede sin mucha réplica. Es bastante sumisa y eso me gusta más. Sus ojos grises tan iguales pero a la vez tan diferentes de Dionicio me tienen extrañamente expectante por ver más hallá de ellos. Es como mirar el bastó océano y preguntarse que habita en el fondo de éste. Mi mano vuelve a su rostro, como si me fuera imposible apartar mis dedos de su piel, y es peor el deseo cuando intenta evadirme. Por lo que la acorralo en el sofá. Mi cuerpo queda encorvado mientras miro como Anastasia se remueve debajo de mi sin saber a donde mirar o huir. Mi mano libre la vuelve a agarrar, esta vez deja que acaricié su mejilla sonrojadas mientras apreta sus muslos casi en un impulso
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