Frente a la mirada del hombre, la mano de Magnolia se posó en su hombro, —¿Cómo te llamas, guapo?—Ricardo Vargas.—Pues, señor Vargas, por favor, apártese, necesito hablar a solas con Gabriel.Al fin y al cabo, se trataba de un asunto entre ella y su ex marido, y no quería la presencia de extraños.Ricardo frunció el ceño y Gabriel, que estaba escondido detrás de él, se apresuró a decir, —No me voy a hablar contigo, hablamos aquí, no pasa nada indecoroso.Magnolia miró a Gabriel con cierta urgencia y le dijo, —¡le pasa algo a la niña, te mataré!Ricardo podía ver la ansiedad en sus ojos, y no era que estuviera fingiendo.Entonces habló, —Podemos hablar en un sitio menos concurrido.Magnolia asintió, —De acuerdo.Los tres se dirigieron directamente al pasillo, donde no había nadie más.Magnolia miró fijamente a Gabriel, —¿Dónde está la niña?—Está bien, no soy un demonio que le pondría las manos encima a una niña.—¿Por qué no ha funcionado el reloj-teléfono de la niña y qué le has hec
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