Para cuando la luz se desvaneció, hubo silencio.Parpadeé con fuerza, una, dos veces, hasta que mi visión volvió a la normalidad. Apenas un instante de claridad, porque enseguida las exclamaciones comenzaron a elevarse desde abajo.Asombro.Devoción.Gratitud.La mayoría hablaba del poder de la Elegida. Daban gracias por haber presenciado el milagro, por haber sido testigos de algo que, claramente, consideraban divino.Pero no fueron esas voces las que me hicieron reaccionar.Fueron otras... Más inquietantes.Giré la mirada hacia el prisionero, sorprendida.Él también me miraba. Había levantado el rostro.Y entonces lo vi. Su cara… Era normal.No había rastro de la hinchazón, ni de los cortes abiertos, ni de la sangre seca que lo deformaba.Era como si nada de eso hubiera existido.Mi abuelo se apresuró a llegar a mi lado mientras Kryos gruñía, molesto.—Es un jodido desperdicio de tu energía —escupió—. Lo mataré en cuanto el sacerdote corrupto deje sus tonterías de discurso.—El disc
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