Por un momento, olvidó cómo reaccionar.Tontamente, quedó atónita.Permitiéndole tomar lo que quisiera.Gabriela gradualmente se suavizó, y su ánimo también se tranquilizó bastante.Mucho después, Rodrigo finalmente la soltó.Sus labios parecían haber sido mojados por agua, luciendo rojos y atractivos.Como cerezas, recién sacadas del agua.Bajó la mirada: —¿A qué hora terminas de trabajar?—Hoy podría ser un poco tarde, tengo una reunión a las seis —dijo él.Gabriela miró la hora, eran poco más de las cinco, casi las seis: —¡Te esperaré!Rodrigo dijo: —Está bien.Se sentó en el sofá, sacando un libro al azar.Rodrigo trajo el café, sentándose a su lado: —Sobre la imagen, después, encontraremos una oportunidad para recuperarnos.A Gabriela no le gustó que él mencionara eso: —Déjalo así.Con una actitud de resignación: —De todos modos, mi imagen no es buena, solo pensarán que tú no tienes buen gusto, eligiendo a alguien que solo habla de amor y romance, y no es una ayuda sabia. Nunca fu
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