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Rayan salió de la ducha con solo una toalla en su estrecha cintura. Como todo alfa había desarrollado los músculos adecuados sin casi ningún esfuerzo, brazos duros, espalda ancha, pectoral formado, abdomen definido, piernas torneadas y trabajadas. Y algunos de sus compañeros betas le reclamaban constantemente, más él no les prestaba atención. Necesitaba ese cuerpo y fuerza para su trabajo. Había elegido esa vida y le gustaba. Los trabajos convencionales no eran para él.

Llegó a la sala y sintió un olor característico. Tenía visita.

-Llegaste rápido pa- miró al hombre atractivo y masculino, muy parecido a él en el sofá y se sentó delante de él sin preocuparse de vestirse.

El alfa ni siquiera se inmutó por el comportamiento despreocupado de su hijo. Ya era un adulto de 27 años y bastante independiente. Incluso había comprado el departamento donde se encontraban con su propio dinero sudado. Y vaya que se había dado el lujo. Era grande, espacioso, y bien decorado.

-No es común que me llames para vernos- dijo Sheldon acomodándose en el sofá, presentía que iba a ser una conversación larga.

Rayan bufó internamente. Su padre lo recriminaba indirectamente por ya no pasar tiempo con la familia. Dejó de lado eso y le tiró arriba de la mesita que los separaba, un sobre con unos papeles dentro.

El alfa mayor los tomó y verificó la información levantando la vista después, con una ceja alzada sorprendido.

-¿En serio?-

-Si pa, es quien ves ahí. Es la chica que te conté que se nos cruzó hoy en el camino- Rayan cruzó las piernas -Tuvimos algunos contratiempos y quiero reclutarla a la pandilla. Es una buena pieza- sonrió mostrando sus colmillos.

Sheldon volvió a los documentos específicamente en la foto. Era una chica joven, de 21 años por lo que estaba escrito. Al igual que ellos dos era una loba con gen alfa. Lo que se esperaba del heredero de la familia Alester. Sonrió y dejó los papeles otra vez sobre la mesa.

-A veces me da miedo de dónde te metes y sacas toda esta información-

-No hables así. A ti te convendría. Hace tiempo que estas intentando averiguar sobre esa familia- Rayan prendió un cigarro a pesar de la mirada de desacuerdo por esto de su padre.

Sheldon Saimt. Para muchos solo era un simple empresario de la moda, pero su trabajo real era algo más oscuro. Esto era solo una fachada para su trabajo real. Trabajaba como líder de uno de los grupos contra el delito, en convenio con el gobierno.

En los últimos años la ciudad se había vuelto un centro importante de contrabando debido a su ubicación. Por lo que los niveles de delincuencia a habían ascendido tanto que la policía apenas podía con ellos. Eso sin mencionar el aumento de violaciones y maltrato a betas de bajo nivel y omegas.

La situación se estaba saliendo de control y perder la ciudad no era una opción para el gobierno. En esa zona estaban ubicadas más de un 40% de las empresas que ayudaban a la economía interna del país.

Después de muchas alternativas habían concluido en esta. La creación de estos grupos ocultos. Trabajaban como si fueran pandillas y tenían como miembros alfas confiables casi siempre de los círculos cercanos y betas con la fuerza necesaria. Aunque era un trabajo peligroso era buen remunerado y hasta el momento había cerca de diez grupos con varios integrantes por toda la ciudad.

Rayan dirigía uno de ellos como rostro ante las órdenes de su padre, aunque el al final hacía lo que le venía en gana. Mientras hubiera resultados, Sheldon no le importaba lo que hiciera y siempre venía con sobresaliente.

Los dos únicos pequeños problemas eran, primero la constante preocupación de que a su hijo le ocurriera algo, Rayan era a veces un poco imprudente. La segunda, los enfrentamientos que se volvían más habituales con pandillas reales que reclamaban diversas zonas. Pero a Rayan no parecía preocuparle, él era bastante fuerte para su edad y ya se había encargado de dos o tres alfas problemáticos.

-Haz lo que quieras- Sheldon le dio bandera blanca- Sorpréndeme, pero necesito que indagues bien en esa loba. Relaciónate con ella. Intenta entrar en su familia, quiero saber por fin si los negocios del padre son realmente limpios- que él sabía que no sería así.

-Quiero algo a cambio- Rayan soltó una bocanada de humo -Esa alfa la quiero para mí- vio la mirada incrédula del padre -Es interesante, diferente. Sería una lástima dejarla detrás de las rejas- sus ojos brillaron-La entrenarse adecuadamente-

Sheldon suspiró.

-Eres igual de sádico que tu madre-

-No es mi culpa que ella haga de ti lo que le da la gana- Rayan rió al recordar la pequeña y delgada omega que mangoneaba a su padre a su antojo. Se notaba que ellos eran pareja destinadas.

A Rayan la verdad no le importaba si encontraba a su pareja destinada o no. Ahora no era el momento, pero le gustaba la idea de más adelante enlazarse con una omega, no importara si fuera hombre o mujer y tener cachorros. Le gustaban los chicos corriendo por la casa para mimarlos.

Aunque por el momento tenía intenciones de divertirse con la pequeña alfa que había encontrado.

***

Leticia cerró la puerta de su casa y caminó en busca de su cuarto cuando fue intercedida por su padre, seguido de su secretario.

-¿Leticia, qué ocurrió? -su voz era como siempre fría y calculadora, ausente de todo sentimiento.

-Un alfa me retó. Gané- respondió rápido reprimiendo cualquier muestra de miedo. Si su padre se olía que mentía era omega muerta.

-Bien hecho- este le respondió para solo pasarle por el costado -Llego tarde hoy -y con la misma salió.

Leticia suspiró. Su relación con su padre Mark, era como dos bloques de hielo que no se podía tocar. Había sido así desde que era cachorra y ya formaba parte de su vida por lo que no la afectaba mucho. Su padre siempre decía que un verdadero alfa debe ser frío y mostrar su poder ante todo. Pero Leticia solo pretendía ser un alfa, por lo que la distancia de vez en cuando la deprimía. Después de todo los omegas eran familiares y cariñosos por naturaleza y allí adentro ella no podía mostrar ni siquiera afecto.

Subiendo las escaleras en dirección a su cuarto sintió vibrar su teléfono en el bolsillo y miró la pantalla. El nombre de su prima se vislumbró.

-Dime Cass-

-Qué demonios Leticia. Tu padre me acaba de llamar diciendo que te peleaste- un grito se escuchó del otro lado.

Leticia cerró la puerta detrás de ella hablando en voz baja para que no fuera escuchada. Sabía que su padre había llamado a su prima para que atendiera las heridas en su rostro, en su familia la imagen era lo primero.

-La verdad fui atacada por una pandilla, pero no digas nada. Tuve que decirle que me pelee con un alfa que me reto para poder salir de él-

-Leticia, un día de estos te voy a encontrar en un charco de tu propia sangre en dentro de tu cuarto. Solo tú le mientes a Mark-

-Cassandra, no seas trágica- se dejó caer en la cama y gimió ante la pulsada de dolor en sus costillas, por el nivel de dolor al menos sabía que no tenía nada fracturado.

-Cambiando de tema ¿te tomaste los medicamentos? Hoy te toca- su prima le recordó.

Leticia chasqueó los dientes. La hora después de tomar la prescripción era todo un suplicio. Sentía que todo su cuerpo se revelaba contra ella, pero era la única forma de poder esconder lo que era, que había encontrado.

-Los tomaré ahora- se levantó buscando en su depósito oculto debajo de la cama sacando una caja.

-Yo estaré allí en dos horas cuando acabe mi turno aquí en el hospital- la mujer del otro lado le dijo con voz preocupada.

-Te espero en la cama- y cortó la llamada mirando las pastillas a su lado y el spray.

Leticia tomó dos supresores, dos inhibidores y roció el aerosol por todo su cuerpo después de quitarse la ropa. El efecto fue inmediato. Las hormonas alfas comenzaron a entrar en su cuerpo mediante la piel y el dolor la atacó de pronto cayendo en la cama. Su estómago también se revolvía y debía rodearlo con los brazos conteniendo las arcadas.

Otra vez estaba siendo recriminado por suprimir lo que realmente era. La dosis ya había aumentado en los últimos tres años, desde que su celo se había manifestado. Había logrado con éxito suprimir su olor de omega pero a un alto costo.

Cerró los ojos con fuerza y forzó a su cuerpo a cambiar. Si lo hacía el proceso no sería tan tortuoso. Se retorció mientras oía sus huesos quebrarse, los músculos agrandarse y estirarse y el espeso pelaje color arena cubría su cuero.

Para cuando tomó la forma total de un lobo estaba muerta de cansancio y el dolor de la golpiza más el del proceso la tenía aún más agotada. Respiró lentamente arrastrándose por la cama hasta dejarse caer de lado sobre la almohada.

Y la única imagen que apareció en su mente ante de quedarse dormida fue la de aquel alfa dominante que hacía unas horas había estado delante de ella. Se preguntó cómo sería su forma lobuna. De seguro muy hermosa.

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