Capítulo 31.

—Sé que eres el único que vende burundanga en todo Birdwallace —lo señaló con la chupeta—, y sé que esa droga está prohibida aquí por las amenazas del jefe; sin embargo, te permite a ti y solo a ti venderlas, bajo la condición de que su venta sea solo para mujeres.

Fruncí el ceño.

¿Por qué no a los hombres?

—La usan para violaciones —susurró Kade.

— ¿Eh? —emití, confundida, estaba segura de que no lo pregunté en voz alta.

—Tu cara se volvió una de confu

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