Ryan casi perdió el control.
Él solo pudo voltear su rostro hacia otro lado. "Sube al coche. Vamos a casa".
De camino a casa, Freya abrió la caja. Había un collar de luna estrellada adentro, y tenía diminutos diamantes incrustados en una pequeña luna. Era deslumbrante.
"Es muy bonito", elogió Freya, y sus ojos se iluminaron. "Pero... debió haber sido caro".
"No era caro. Solo unos cuantos miles de dólares. No tiene muchos diamantes". Ryan no quería que ella se sintiera responsable.
Unos poc