Amor en las alturas.
De repente se asomó la azafata y con brusquedad aparte a Ismael casi lanzándolo al suelo, para cuando entro del todo la azafata, cada uno estaba en su respectivo asiento, la risilla Impertinente que tenía Ismael en su semblante era insoportable. Siempre le gustaba jugar con esto.
—Disculpen las molestias, quiere una copa de champaña.
—No muchas...
—¡Yo sí! —tomé una copa e Ismael me miro confuso. Cuando la chica se fue indicó.
—Seguimos con lo que...
—Wow, tienen para