Una ayuda para la esposa
—Por favor... no lo hagas, escúchame. —Intente calmarla mientras sostenía mi celular con una mano y el volante con otra, la fuerte lluvia que estaba cayendo me impedía ver el camino. Solo podía escuchar la respiración acelerada de su voz.
—Tengo miedo, Ismael... tengo mucho miedo.—Susurro entre lágrimas.
—Espérame, ya estoy por llegar. Hablemos... podemos hablar.
—¡No! No quiero esperarte más.
—¿para qué? Para que me mientas... ¡Te vi! ¡No mientas, estabas con otra