—No... puedo más, Ismael... para...—rogué mientras se movía encima de mí provocando que mi cuerpo temblara entre convulsiones.
—Ismael... estoy casada, deja que me recueste... —gemí esperando que me escuchara, pero solo escuchaba sus jadeos intentando recuperar el aliento.
—Por favor.... —Volví a rogar, de repente me giro y nuestros ojos se encontraron, su respiración acelerada, el sudor que surcaba se cabelló y la mirada perdida en la lujuria y el placer, la misma que seguramente tenía yo. Al g