Selene estaba parada en la entrada, mirando a Tadeo, cuya emoción estaba fuera de control. En comparación con su estado un poco maníaco, ella parecía especialmente tranquila. Nacho dio unos pasos hacia adelante y agarró la silla levantada por Tadeo.
—Señor Paredes, ¡la silla es inocente!
Tadeo miró a Nacho, que parecía un gigante con su imponente estatura, y no se atrevió a decir nada más. Soltó la silla obedientemente. Nacho la dejó en el suelo y se retiró a un lado.
—¿Tío, hace mucho que no n