Nacho notó que Mariana parecía debilitada y la sostuvo, luego miró a Andrés y preguntó: —Señor Andrés, ¿hay algo en lo que pueda ayudar?
Andrés lo miró de reojo y su voz sonó fría:
—Cuida de la hermana de mi mujer.
Nacho se sorprendió, pero asintió de inmediato:
—Sí, sí, cuidaré bien de su cuñada.
Nacho también entendía que este asunto sólo podía encomendárselo a Andrés para estar más seguro. El único que podía rescatar a Selene era... ¡él!
¡Este hombre temible e indomable!
Rápidamente, André