Selene apretó los dientes y se dispuso a desbloquear el teléfono de Andrés para cambiar el fondo de pantalla.
Pero, ¿acaso sería tan fácil?
Justo cuando intentaba introducir la contraseña, un imponente pecho se abalanzó sobre ella desde atrás.
Él la abrazó por detrás y le arrebató el teléfono de las manos.
Luego, con voz profunda, susurró en su oído:
—¿También quieres cambiar el fondo de pantalla a un idiota?
Andrés no había olvidado la imagen del idiota que ella había puesto en su billetera. E