—Iker! ¿Qué pasa con esa sonrisa que tenías?— Nicolás agarró su oreja directamente. —¿Quién te dio permiso para sonreír de esa manera tan astuta frente a señorita Soto? ¡Sonriendo sin parar, eso no es bueno!
—¡Papá, por favor, perdóname!
Iker nunca imaginó que las cosas saldrían tan mal. Justo cuando intentaba lucir una sonrisa traviesa para ganar algunos puntos, las puertas del ascensor se abrieron, y justo en ese momento, su padre estaba allí afuera. ¡Qué mala suerte tenía!
—¡Soy una estrella