—¿En serio?— Esmeralda asintió frenéticamente, gritando fuerte: —¡Sí, sí! ¡Andrés, no puedes seguir su camino, debes darte la vuelta a tiempo y detenerte!
—Cualquier cosa por ella, estoy dispuesto a morir. ¿Qué más importa?— Las palabras de Andrés, dichas una tras otra sin apenas reflexión, golpearon el corazón de Selene una y otra vez, pero un corazón congelado no puede derretirse tan fácilmente...
Sin embargo, cada palabra suya golpeó duramente a Esmeralda, quien se sintió abrumada, sus pierna