—¡Oye, eso no huele mal! —dijo Darío pasando a su lado en la pequeña cocina mientras se sacudía el cabello mojado sobre Sammy.
—¡Odioso! ¡Quita! ¡La salsa va a saber a champú! —rezongó Sammy empujándolo, pero él volvió solo para meter un dedo en la salsa y llevárselo a los labios.
—No está mal, pe