CAPÍTULO CINCUENTA Y SEIS: LAS PRIMERAS DUDAS
No muy lejos, en un piso, a unos quinientos metros de la ventana de donde se podía ver todo el paraíso, lo acompañaban dos guardaespaldas, y en medio, un señor con ropa muy descuidada. El final estaba llegando, el mismo final del que Sebastián quiso prevenir a Gabriela. No todos los secretos podían ser eternamente guardados y más temprano que tarde, Sebastián se iba a dar cuenta de todo.
— ¿Estás seguro de que ese hombre estaba allí? —Preguntó Yahi