Los problemas empezaron nada más abordar el coche. Lo que le convenía a uno no le gustaba al otro.
—Me encantaría que me dijeras tus planes ocultos para ofrecer semejante cantidad por mí anoche.
—Elaborar un plan de acción —dijo David mientras arrancaba el coche. Mejor poner la vista al frente que en las piernas de Valentina. Y más que el pedacito de tela se le había subido por los muslos cuando se había sentado. Siempre le habían encantado los coches, nunca hubiera esperado odiar al Mazerati