Valentina se pasó el sábado con los nervios a flor de piel. Las palabras de David la noche anterior todavía resonaban en sus oídos
"Te recojo mañana a la siete y media. No me gusta la impuntualidad"
Y eso había sido todo. Se había marchado después de darle un suave beso en los nudillos. Había pensado que no sentiría nada. Que lo que una vez tuvieron, estaba muerto y enterrado. Sin embargo ese simple roce había puesto su mundo de cabeza. La había hecho darse cuenta que no lo había olvidado. Qu