— ¿Se puede saber por qué no me dijiste que estabas muriendo el otro día?
— Lo lamento joven, ingente...
— No te preocupes, Jessie, está bien, —la calmó mirándola con una ligera sonrisa para tranquilizarla, ella asintió.
— Iré a preparar un poco de café, permiso.
— ¿Y bien?
— No seas dramático John, no estaba muriendo, solo fue un poco de fiebre y cansancio, —explico con calma dejando el libro a un lado. —Y a todas estas ¿Cómo te enteraste?
— Llame al hotel cuando no respondías tu teléfono.
— A