Leticia se desplomó en la cama, Carlos no la estaba amenazando, podía darse cuenta de que esta vez Carlos hablaba en serio.
Tomó la tablet, temblorosa copió y pegó, publicando el texto.
Inmediatamente, Carlos le llamó a Daniel.
—Señor Caballero, Leticia ya se disculpó, ¿podría usted ser magnánimo?
La voz al teléfono era fría.
—No es suficiente, si el señor Ferrero quiere disculparse, debería mostrar algo de sinceridad.
Colgaron el teléfono, Carlos reflexionó por un momento, finalmente tomó una d