Carlos respiró profundamente:
—Sí, se llevaron a su hija.
—¿Qué hacemos ahora?
—Regresa por ahora.
Carlos también estaba abrumado en este momento. Si regresaba a casa, Roberta no pararía de hacer preguntas, y aunque no regresara, sus llamadas serían incesantes.
Lo peor de todo era que había descubierto que la gente de los Caballero estaba en movimiento, e incluso ya habían comenzado a atacar las acciones de los Ferrero.
Todo parecía ya estar decidido. Colgó el teléfono.
En el consultorio de psic